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Videos virales: De la definición a la práctica

Posted on 18 mar 2013 by Haritz Rodriguez in videomarketing | 0 comments

Quiero estar Facebook, en Twitter y en Pinterest. Es una petición que se ha repetido a lo largo de mi carrera profesional por parte de los clientes. Y la respuesta ha sido siempre la misma: No se trata solo de estar. Se trata de saber porqué, para qué y cómo se está.

Algo parecido ocurre con los llamados vídeos virales, cuando llega un cliente te dice: “Quiero que hagáis un vídeo viral“.

Hace ya más de seis años tuve mi primera experiencia con lo que podría llamarse una campaña de marketing viral. En el marco de un concurso denomimado Hazruido, llevamos a cabo una campaña titulada Ubuntu Tribe, cuyo eco aún resuena de vez en cuando en la red, gracias a la larga cola de Internet. La iniciativa mereció el segundo premio en el concurso, por detrás de una sonora campaña sobre unas pulseras de La Pantoja…

Aunque la campaña contaba con todos los elementos necesarios para su difusión “boca a boca” (incluido un vídeo) y pese a que técnicamente fue un éxito, aún me sonrojo cuando recuerdo los detalles de nuestra propuesta. Se trataba de una campaña de marketing viral encubierto, que dio sus resultados, pero que por sus características no la volvería a repetir. Fue una experiencia enriquecedora, y afortunadamente he aprendido mucho desde entonces.

No voy a tratar en esta ocasión sobre los riesgos que conlleva, dependiendo de sus características, llevar a cabo una campaña de marketing viral. Pero sí me gustaría hacer unas matizaciones sobre lo que es viral y no lo es.

Mega-megáfono

La viralidad no es algo programable al 100%. Se puede intentar ser viral, pero ninguna campaña o vídeo es viral por definición. Si nos ceñimos a Internet, puede decirse que cualqueir formato o sporte puede ser viral, si se consigue que sea difundido boca a boca por los usuarios.

De hecho, se podría decir que todos o casi todos los vídeos promocionales aspiran a ser virales. Es decir, pretenden llegar al máximo número de audiencia posible. Esto no tiene que ser así necesariamente. Depende de los objetivos de la campaña y también el target, entre otros muchos factores. Pero es así en la mayoría de los casos.

Es cierto que el “género” más extendido entre los vídeos virales es el humorístico. Y lo es por razones obvias. Pero conozco muchísimos vídeos que no tienen los componentes de un vídeo viral “convencional”.  Se puede llegar a ser viral utilizando otras herramientas que no sean el humor, un gato haciendo monerías o un fake. 😉

Existen vídeos virales domésticos en Internet que probablemente nunca fueron concebidos, si quiera, para ser difundidos en la red. Y sin embargo hoy en día acumulan millones de visitas en Youtube. Es así gracias a que han sido compartidos en blogs, redes sociales, correo electrónico…  En el otro extremo, hay montones de vídeos pretendidamente virales que no han conseguido ni una centésima parte de la difusión que pretendieron sus promotores.

C’est la vie. Salvo técnicas dudosas, un vídeo se difunde si a la gente le gusta y lo comparte. Eso no quiere decir que no se pueda intentar hacer un vídeo divertido, estéticamente impecable, impresionante, curioso, interesante… para que a la gente le guste, hable de él y lo comparta. También es cierto que una buena estrategia de difusión puede actuar como mecha para la difusión de cualquier cosa que se quiera comunicar. Pero al final, por mucho que se intente, todo depende de la gente. De las personas.

En definitiva, algunas cosas no han cambiado por mucha revolución tecnológica en la que estemos sumergidos. Lo bueno gusta, y lo malo también. Nosotros preferimos intentar hacer cosas buenas, en la medida de nuestras posibilidades. Y la gente decidirá si realmente lo son, o no. No hay otra.

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